Detrás de las noticias está otra historia, la del periodismo
J. Antonio Aspiros V.
(Para Norma Vázquez Alanís, periodista premiada y esposa sin par, en su aniversario natal)
El Club Primera Plana emitió su convocatoria para otorgar reconocimientos a los periodistas de todo México que en 2008 cumplen cinco o más quinquenios completos de actividad profesional. Será un estímulo entre colegas para premiar la experiencia y antigüedad adquiridas en los medios de información.
En años anteriores esta entrega -que se realiza durante la Comida de la Unidad Periodística y con el patrocinio de la FSTSE- ha tenido una gran convocatoria y ahora se espera rebasar el éxito alcanzado. Con estos reconocimientos, y el Premio México que concede por la calidad y oportunidad en el trabajo la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex), el gremio recibe un estímulo que es importante para ésta y cualquier otra actividad útil a la sociedad.
En su mayoría, los periodistas forman parte de la clase asalariada del país, y si bien por su trabajo son testigos privilegiados y de primera fila, de los hechos que determinan la vida colectiva, tienen un compromiso con la verdad y con la comunidad a la que sirven con su información y sus opiniones.
Pero, también, es su responsabilidad dejar su testimonio escrito sobre aquellos pormenores de su actividad que pueden constituir documentos valiosos para la historia de esta profesión.
Si bien entre los periodistas hay muchos que escriben cuento, poesía, teatro, ensayo o novela, son menos quienes publican libros acerca de sus vivencias, generalmente ricas en datos de interés para el propósito citado.
Porque la historia del periodismo no debe limitarse a la crónica general de las publicaciones y medios electrónicos que han existido, y sobre los llamados -por el autor Francisco Vidal Bonifaz- dueños del cuarto poder, sino también la de sus trabajadores, entre ellos los periodistas que por su actividad conocen el trasfondo a veces truculento de la información y de los emisores de la misma, y en ocasiones han sido también protagonistas en cuanto funcionarios en las áreas de comunicación social de algún sector público o privado.
En las más de cien organizaciones que integran la Fapermex, existe gran riqueza de experiencias al respecto que deberían trascender al conocimiento público, lo cual sólo es posible cuando los propios testigos, los periodistas, se sientan a escribirlo.
De esa forma hemos conocido, por ejemplo, versiones diferentes sobre las crisis en la Cooperativa Excélsior gracias a periodistas como Vicente Leñero, Julio Scherer, José Manuel Nava y Regino Díaz Redondo. O sobre ese extraño mundo de las agencias de noticias, con investigaciones como las de Raúl Trejo Delarbre y Karin Bohmann, y testimonios como el de Leonardo Valadez Castillo.
Y hemos sabido de libros sobre la historia del periodismo, entre ellos los de Carlos Alvear Acevedo, Luis Reed Torres y Eloy Caloca Carrasco; el que narra cómo se desarrollaron la radio y la televisión en la pluma de Jorge Mejía Prieto, y aquellos que reseñan sucesos vividos o investigados, entre ellos Carlos Borbolla y Laura Castellanos sobre movimientos armados, necesarios para documentar aspectos de la vida nacional.
Y, también, los que relatan cómo viven, trabajan y se agrupan los informadores, a la manera de colegas como Eugenio Múzquiz Orendáin que hizo la historia del Club Primera Plana (que a su vez trabaja en un diccionario de periodistas mexicanos del siglo XX), José Luis Martínez que ha ofrecido una antología de lo que llama la vieja guardia del periodismo, y Enrique Heras que escribe sobre los caricaturistas.
Hay más y resulta imposible dar en este breve espacio los títulos. Baste agregar que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla publicará pronto una versión de la historia de los noticiarios en México, narrada por su protagonista Teodoro Rentería Arróyave, con sus experiencias y revelaciones en medio siglo de vida profesional.
Creemos que la sociedad, consumidora de noticias, opiniones e imágenes -cartones políticos incluidos-, sabe dar la bienvenida a este tipo de obras y hasta las espera dado su interés, y a veces su morbo, por saber qué hay más allá de la información periodística.
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