Pensar a Barack Obama
Álvaro Cuadra
Es interesante advertir cómo el triunfo de Barack Obama en las recientes elecciones de los Estados Unidos ha desatado una inmensa cantidad de comentarios, tratando de pensar a esta nueva figura protagónica de la política internacional.
Las voces van desde el pensamiento de derechas hasta aquel de las izquierdas en todos sus matices. Para colaborar en la construcción del perfil de este personaje, aportamos algunas precisiones dignas de considerarse a la hora de pensar en el futuro inmediato.
1.- Barack Obama es un producto histórico de la sociedad estadounidense. Por lo tanto, para hacerle justicia a su triunfo debemos inscribirlo en la historia reciente y en las coordenadas socioculturales de la primera potencia capitalista del mundo. Visto así, el hecho de que un afroamericano con un discurso reformista haya alcanzado la Casa Blanca denota una mutación mayúscula en el imaginario social de los Estados Unidos.
2.- Barack Obama ha sido elegido como presidente de los Estados Unidos. No es presidente de Naciones Unidas, ni de algún otro organismo multinacional, ni de algún otro país diferente al suyo. Esta obviedad quiere subrayar el hecho de que el gobierno de Obama tiene como objetivo fundamental resguardar los intereses y la integridad de los Estados Unidos de América. Sólo desde esta perspectiva se puede evaluar la acción de su gobierno, aún cuando las medidas al interior de su país puedan afectar al mundo entero.
3.- El éxito de la campaña Obama es un éxito político de alcance histórico y no tan sólo un efecto de marketing. Quienes sostienen que el triunfo de Barack Obama es sólo efecto de un astuto marketing, no advierten el hecho notable de que el discurso de Obama fue más un catalizador que un agente en sí mismo. Obama se dirigió a una nación que estaba esperando ansiosa un discurso de esperanza. En pocas palabras, las condiciones sociales y políticas de los Estados Unidos son propicias hoy a un cambio político de envergadura en el marco de su democracia.
4.- Barack Obama no puede ser caracterizado como un político radical. Se trata, en rigor, de un senador demócrata perteneciente al ala liberal de su partido: un reformista democrático. Es bueno tener esto presente, pues el cambio que se puede esperar significa reconfigurar una democracia en el seno de una sociedad burguesa y tardocapitalista. Tal es el momento histórico y social que vive esta gran potencia mundial, de suerte que tejer expectativas en otro sentido es no sólo ingenuo sino reñido con el más mínimo sentido histórico y político.
5.- Estados Unidos de América, la Democracia y el Imperio, como suele decirse, es una realidad tan compleja como importante en la hora actual. No se trata tan sólo de la primera economía mundial, sino de la fuerza militar más imponente de la historia humana, pero también se trata de una sociedad rica en conocimiento y tecnología, conformada por culturas y comunidades provenientes de todo el orbe. Es en este contexto que el triunfo de Barack Obama aparece como histórico. Su ascenso a la presidencia pone fin a varias décadas de neoconservadurismo y eso es un salto político gigantesco en el siglo XXI.
6.- El futuro gobierno de Barack Obama debe ser pensado desde “lo que es”, que ya representa un gran avance político en la sociedad estadounidense y en el mundo. Cualquier otra expectativa carece de fundamento, cualquier otro reclamo no es pertinente desde un punto de vista histórico o político. Con todo, Barack Obama es, fuera de dudas, mucho más sensible ante los grandes temas y grandes dolores de la humanidad contemporánea que su predecesor, y eso es bueno y no es poco.
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